La mejor manera de aniquilar la maldad de un enemigo, es no hacer caso de sus ofensas.
La mejor manera de aniquilar la maldad de un enemigo, es no hacer caso de sus ofensas.
Por Yanira Soundy
“Cuando
me dediqué a saber, a profundizar, a buscar la sabiduría y el por qué de las cosas, reconocí que la maldad es una tontería y una
locura” (Eclesiastes
7, 25)
Todos sabemos que en este mundo hay mucha maldad.
Las personas malas, destruyen sus espíritus, injurian y
maldicen de la forma más natural, a quienes no comparten su oscuridad; separan
a los padres y las madres de sus hijos, a los hermanos, parientes y amigos los
vuelven totales desconocidos, fomentan la muerte, el egoísmo, la envidia, la
desunión familiar, y gozan con ser el centro de atención y hacerse las víctimas ante
los demás.
No está bien eximir de culpa al malvado, pues de sus bocas emergen siempre víboras venenosas, que se convierten en insultos, mentiras, burlas,
vulgaridades y cóleras que destruyen todo lo que tocan.
Son personas insensatas que meditan el mal. No conocen la felicidad, pues esta no
es para la gente mala, ya que no tienen temor de Dios. Por esta razón, nada les
satisface, ni el dinero, el licor, las drogas, los regalos
lujosos, casas, cuentas bancarias, viajes, y estatus sociales. Nada les hace
felices, pues sólo buscan pelear y ofender, destruir y maldecir. Todos deben
pensar y actuar como ellas quieren, en total sometimiento. Estas personas son arrogantes e hipócritas, y si no se hace lo que pretenden o no se
piensa igual, acaban en disputas.
En las familias y amistades, cuando suceden estas situaciones, muchos de
sus miembros toman partido, es decir, no se involucran para nada en la defensa
de la persona agredida, para no meterse
en problemas, y mantienen contacto con
los agresores siendo desleales con sus
propios parientes y amigos. Y lo que es peor, muchos son totalmente indiferentes a las
víctimas.
“Hay seis cosas que detesta el Señor, y hasta siete que le
causan horror: la mirada despreciativa, la lengua mentirosa, las manos que
derraman sangre inocente, el corazón que medita intenciones culpables, los pies
que corren impacientes a hacer el mal, el testigo falso que habla para mentir y
el hombre que provoca la discordia entre hermanos.” (Proverbios 6,16-19)
En verdad, sabemos que la Palabra de Dios es clara, las
personas se arruinan por su propia estupidez, y el que precipita sus pasos se
pierde. El que desprecia la Palabra, morirá. El que guarda el mandamiento, se
guarda a sí mismo. (Proverbios 19, 16)
La experiencia de las personas cristianas al padecer a causa de palabras hirientes,
vulgares y grotescas de personas enfermas espiritualmente, es enorme, pues gracias a esto, se alcanza la comprensión del poder sanador del Espíritu
Santo, y como llena de paz y alegría las almas, sin que nada ni nadie les perturbe
con sus iras y pecados abominables.
Es difícil romper con todas las redes de hipocresía y maldad,
dejar atrás a la gente que se burla de nuestras creencias y formas de expresar
y emociones. Es difícil ser fuertes y cortar de raíz, a quienes dicen ser nuestros amigos o
parientes, y sin embargo conservan sus relaciones con quienes nos han dañado, sólo para no perder "privilegios" como
clientes o invitaciones a sus círculos sociales.
Pero el tiempo pasa y la Palabra sana todas las heridas. Las
personas cristianas que conocen el significado de la lealtad y la fidelidad, siempre seguirán hacia adelante, y gracias al temor a Yavé se
alejarán del mal y de las personas malas, sin importar quienes sean. (Proverbios 16,6)
Cada uno de nosotros elije dentro de sí el camino, pero es
Yavé quien asegura nuestros pasos. (Proverbios 16, 9)
Por eso, debemos pedir sabiduría al Espíritu Santo, porque si
miramos por dónde vamos seguiremos vivos,
con reflexión y buen criterio. Más vale un trozo de pan seco en paz que una
casa bien abastecida donde hay peleas. (Proverbios 17,1)
La Vida que Dios nos da, nos muestra la necesidad de construir nuevas relaciones, y dejar atrás a
todas las personas que prefieren el lugar más oscuro, dónde las infamias y las
ofensas se recrean. Y sobre todo, esa Vida nos enseña a perdonar a quienes nos ultrajaron para sanar
espiritualmente y así, poder alejarnos definitivamente de este tipo de personas.

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