La armonía
Por Yanira Soundy
Uno de los valores más
importantes para nuestras vidas, es la armonía.
Cuando hablamos de Dios y
proclamamos “Jesús es el Señor” lo hacemos gracias al Espíritu Santo. Sabemos
que hay diversos dones pero un solo Espíritu, hay muchos Ministerios pero el
Señor es el mismo. Existen diferentes obras, pero es Dios quien obra en todas
ellas.
Las partes del cuerpo son muchas,
pero el cuerpo es uno. Nos bautizaron en un único Espíritu para ser un solo cuerpo.
Un solo miembro no puede ser un
cuerpo. ¿Si todo el cuerpo fuera oído
como podríamos ver, oler, saborear o sentir el calor o el frío? ¿Dónde estaría
el cuerpo?
Dios dispuso dónde poner a cada
miembro para que todos se cuidaran y se preocuparan los unos por los otros. No
todos hablan en lenguas, no todos son profetas, no todos curan. Nosotros somos
el cuerpo de Cristo.
Primero están los apóstoles,
luego los profetas, los maestros, los milagros, el don de curaciones,
asistencia material, administración de la iglesia, diversos dones de lenguas (
Corintios 12, 1-29 )
Somos diversos, diferentes y
formamos el Cuerpo de Cristo.
Para que exista armonía debemos
comprender que todos los miembros somos iguales y por tanto tenemos igual
importancia y que debemos cuidarnos los unos a otros. Esto podemos aplicarlo en la crisis por la
pandemia, en los Órganos del Estado, las empresas, en nuestros trabajos y
también en nuestras familias.
Todo Reino que se divide corre a
la ruina, no hay ciudad o familia que pueda durar con luchas internas. Todos
somos iguales, y necesitamos la armonía. (Mateo 12,25)
Nuestro país enfrenta crisis
política, divisiones internas en todos los sectores y grupos a causa de la
política, la religión y la equidad de género. Si por un momento leemos la
Sagrada Escritura, encontraremos sabias respuestas a tantas preguntas.
El Salvador entero, la sociedad y
las familias, necesitamos encontrar y rescatar el valor de la armonía. Si
tomamos la explicación bíblica y la adaptamos a la realidad social salvadoreña,
podremos comprender que ninguna persona, grupo social o población es igual a
otra, la razón es simple, somos miembros de una nación y todas las personas nos
necesitamos las unas a las otras para sacar adelante a nuestro país. El error
que comete la mayoría, es pensar que no necesitan de otras personas o entidades
para salir adelante en sus empresas, instituciones, grupos políticos, etc. Y
esta forma de actuar y pensar sólo lleva a la ruptura social.
Tomemos la enseñanza bíblica y
apliquémosla a nuestras vidas. En la familia a pesar de los divorcios, los
hijos necesitan de ambos progenitores, en las sociedades mercantiles los socios
se necesitan mutuamente, en los partidos políticos se necesitan pesos y
contrapesos, en la economía son requeridos los proveedores y los compradores, en
el arte y la literatura necesitamos a las personas que crean y escriben, y a
quienes lean y valoren sus obras, en el Estado necesitamos quien legisle, quien
ejecute y quien juzgue lo actuado, todas las personas, instituciones, entidades
somos miembros de un solo cuerpo llamado El Salvador. Confío en Dios que
podamos comprender este mensaje, en el cual he usado la Palabra de Dios, para
explicar lo que también deberíamos imitar en otras áreas de la existencia
humana: la vida en familia, la comunidad, las instituciones partidarias y el
Estado.
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